
VIAJE A TRAVES DEL INVIERNO
Subí al tren que el destino me había preparado. Me senté junto a la ventanilla. La máquina se deslizaba a través de paisajes variopintos. Yo miraba absorta. Con el dulce vaivén mis ojos se cerraron. Por la mente cruzaron cantidad de sueños impensables, unos dulces y tranquilos, otros inquietantes y oscuros. Un brusco frenazo me despertó, la máquina se había detenido. Abrí los ojos, en mi despertar soñoliento descubrí ante mí a un anciano, su cabeza y su barba eran de una blancura inmaculada, su rostro estaba surcado de interminables senderos. Sus ojos cansados eran como un libro viejo. Se cubría con un grueso abrigo de color terroso. El hizo un gesto, me levante, baje del tren y le seguí.
Caminamos por senderos dulces y apacibles, pasamos por entre montañas nevadas y por campos helados y secos. Su andar era sosegado, sus palabras sencillas y reposadas, la sencillez que se aprende con el paso del tiempo, pero capaces de aplacar el desasosiego de un adolescente o acallar el llantote de un niño.
ju
Sus sienes nevadas parecían almacenar toda la sabiduría. A veces se paraba, inmóvil como el agua en un lago helado, pero a pesar de ese aspecto inquietante, bajo su abrigo terroso algo seguía latiendo. Al final del trayecto su abrigo se cubrió de una fina capa verde y sus brazos secos, quedaron envueltos por suaves algodones blancos y olorosos.
Mercé Cardona
2-3-2008
El abrigo verde es la primavera.
Es un relato alegórico a través del invierno.
Subí al tren que el destino me había preparado. Me senté junto a la ventanilla. La máquina se deslizaba a través de paisajes variopintos. Yo miraba absorta. Con el dulce vaivén mis ojos se cerraron. Por la mente cruzaron cantidad de sueños impensables, unos dulces y tranquilos, otros inquietantes y oscuros. Un brusco frenazo me despertó, la máquina se había detenido. Abrí los ojos, en mi despertar soñoliento descubrí ante mí a un anciano, su cabeza y su barba eran de una blancura inmaculada, su rostro estaba surcado de interminables senderos. Sus ojos cansados eran como un libro viejo. Se cubría con un grueso abrigo de color terroso. El hizo un gesto, me levante, baje del tren y le seguí.
Caminamos por senderos dulces y apacibles, pasamos por entre montañas nevadas y por campos helados y secos. Su andar era sosegado, sus palabras sencillas y reposadas, la sencillez que se aprende con el paso del tiempo, pero capaces de aplacar el desasosiego de un adolescente o acallar el llantote de un niño.
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Sus sienes nevadas parecían almacenar toda la sabiduría. A veces se paraba, inmóvil como el agua en un lago helado, pero a pesar de ese aspecto inquietante, bajo su abrigo terroso algo seguía latiendo. Al final del trayecto su abrigo se cubrió de una fina capa verde y sus brazos secos, quedaron envueltos por suaves algodones blancos y olorosos.
Mercé Cardona
2-3-2008
El abrigo verde es la primavera.
Es un relato alegórico a través del invierno.
1 comentario:
El abrigo verde de la primavera que se está acercando a nuestro alrededor.
Un abrazo para ti.
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