domingo, 16 de marzo de 2008

CREPUSCULO






CREPUSCULO

Sin darnos cuenta estalla la tarde,
el cielo se torna azul y naranja
cual fuego incandescente,
crepita entre sus nubes.

Y allá, en el horizonte
negros tonos de tormenta
abatiendo con su furia
la tierna Naturaleza.

Sed de lluvia, sed de agua,
sed de manos que te labren
y que abrasen con su fuego
el frío hielo que abate,
con su blanca transparencia
las negras sombras del aire.

Ya la noche se apodera,
con su oscura garra de hambre
del día que tarde nace
indefenso de una madre.

Amor que acuna en sus brazos,
el odio de todo un pueblo
que se nutre de pobreza,
con migajas de riqueza.

Secos ojos, rostros mojados de lágrimas,
ardiente sol que abrasa
todo lo que rodea
desierto árido sin una luna,
que ilumine la tristeza
de un mar bravo que se abate,
sobre una tierra sin tregua.






Vida y muerte se suceden
alegrías y tristezas
llanto, risas, sed y hambre,
son maldades que atormentan
la bondad de multitudes,
con una negra certeza.

Soledad que se recrea
con frialdad en la noche,
pasiones que se adormecen,
en la vejez de la tarde
de un ocaso que se acerca.

Desierto de incomprensiones,
juventud que nace vieja ,
infierno del que padece
la injusticia de la tierra.

Cuando el cielo de la vida,
anaranjado se vuelve
y crepita entre las nubes,
oscuras de la tormenta.


De Montse Blanca, una amiga muy querida que hace años que no veo.

Mercé Cardona


16-3-2008

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