viernes, 27 de mayo de 2011
L A V I D A
L A V I D A
La vida es como un largo río, siempre continúa. Llega un día que nos deja atrás, ahogándonos en la orilla….
Me desperté, en mi mente me vino esta frase, no se, quizás la leí en algún libro, me hizo pensar.
Quizá crecer no fuera ir acumulando cosas y tesoros, sino pérdidas.
Me canse de filosofar.
Hoy hace un día tan bonito que me gustaría lamerlo. Salí, empecé a andar sin rumbo fijo. Llegue a lo alto del monte, deje atrás los árboles, encontré una inconmensurable pradera cubierta de hierba de un verde rabioso. El sol daba de lleno. Desde aquel lugar, a cubierto del viento, se contemplaba todo el valle y las montañas, que a lo lejos parecían atraer a las nubes fugitivas hacia sus cimas. Me detuve unos instante contemplando aquel paisaje. Me impresiono.
Mi corazón y mi mente, lo guardo para recordarlo siempre….
Mercé Cardona
21-3-2011
viernes, 20 de mayo de 2011
LA TARDE LANGUIDECE
LA TARDE LANGUIDECE
La tarde languidece. El sol rojizo se acuesta sobre las praderas mullidas como una cascada dorada. Unas barcas se deslizan suavemente y en silencio por la vía marítima. Las cañas del agua juntan sus cabezas crujiendo y susurrando al oído. Las conversaciones de los paseantes y las risas, se deslizan por encima del agua….
Delante, había pinos jóvenes que salían de la tierra arenosa. Los rayos del sol se abrían paso por entre los troncos cobrizos hasta calentar la pinaza y las piedras recubiertas de musgo. Los terrones herbosos del pequeño bosque parecían cojines cubiertos con matas de arándonos rojo de un reluciente color verde oscuro y hojas gruesas, y con otras de arándonos azul de color verde pálido que poco a poco se iban tornando rojizas. Dentro de mí oí la voz del bosque que me susurraba. Túmbate boca arriba y quédate observando como se mecen, los copas de los árboles con la fuerza del viento, parecen gigantes empezando una danza macabra….
No se el tiempo que permanecí allí tendida, mi pensamiento recorrió distintas épocas de mi vida sin detenerme en ninguna de especial, era como si intentara concentrarme en la brisa que me acariciaba todo mi ser, y me alborotaba el cabello. Me desperece, me acomode mejor y goce de aquel instante.
Mercé Cardona
20-11-2010
sábado, 14 de mayo de 2011
R E C U E R D O
RECUERDO
Nos despedimos, ¡hasta pronto!
Un mes se pasa rápido, dijimos,
Pero a los tres días,
En silencio te habías ido.
Cuando volví ya no estabas,
Vacío quedo tu sitio y
En nuestra impotencia
No pudimos impedirlo.
El plazo fue más breve
De lo que habíamos previsto.
El vacío que dejotes,
Nadie puede cubrirlo.
A pesar de tantos años,
Tu recuerdo sigue vivo.
Cuando la pena me invade
Se llena mi vacío
Cuando te llamo ¡madre!
Mercé Cardona
15-9-2010
viernes, 6 de mayo de 2011
TORMENTA
T O R M E N T A
Cuando el hilo de plata de la infancia se haya quebrado, seguro que mis actos serán otros.
A diferencia de otras veces, se estuvo anunciando durante horas, un rumor creciente que daba la sensación que venía rodando por el cielo. Un trueno lejano, largo como un bramido. Salí a la calle. El cielo este gran indeciso, alternaba con retazos de cielo despejados, con otros en las que se arremolinaban fugaces turbulencias .Por el norte, asomaba una oscuridad que avanzaba a pasos agigantados realmente convencidos y amenazantes.
A pesar de esto, seguí hacia el río por entre largas hileras de chopos. Las ramas se agitaban con la furia del viento y las hojas parecían pájaros volando sin rumbo fijo, de ellas despedían una luz escasa como espejos en penumbra. Al final de una gran llanura. El olor a humedad y vegetación era inmenso, embriagador. Las raíces de los árboles brotaban saliendo de la tierra y volvían a sumergirse como serpientes fosilizadas. Mire hacia lo alto. Al fondo, aún se vislumbraba el cielo azul. Me asusté, presintiendo que la tormenta estaba encima de mí. No fue así; Unas leves gotas iban cayendo como indecisas, me envolvió una seguridad repentina, pero las nubes perezosas no se decidían a llorar sobre la tierra. La negrura no desaparecía, más bien daba la sensación de que estaba preñada de carros llenos de piedras, descargas eléctricas y sombras que se deslizaba aullando de pena. Cual quier cosa menos lluvia. De pronto el retumbar de un trueno. La tierra se estremeció. El cielo estaba cargado de destellos. Era como observar un océano suspendido en el aire.
No se como, vislumbre una juventud vacilante como la tormenta, que iba deambulando por el planeta sin ningún horizonte fijo, no sabían el porque de su existencia, sin trabajo, sin ilusión de poder tirar adelante,
¿Cómo podían sentirse independientes, y seguros? El panorama es deprimente….
Me acorde de los perros, ellos solo huelen la tierra, no tienen horizontes, solo la tierra. Nosotros llevamos la cabeza muy arriba. Allí todo es configurado. El no. El huele nuestros pasos, be por donde caminamos, donde están las cosas. No necesita nada más. Y nosotros necesitamos de lo innecesario.
T O R M E N T A
Cuando el hilo de plata de la infancia se haya quebrado, seguro que mis actos serán otros.
A diferencia de otras veces, se estuvo anunciando durante horas, un rumor creciente que daba la sensación que venía rodando por el cielo. Un trueno lejano, largo como un bramido. Salí a la calle. El cielo este gran indeciso, alternaba con retazos de cielo despejados, con otros en las que se arremolinaban fugaces turbulencias .Por el norte, asomaba una oscuridad que avanzaba a pasos agigantados realmente convencidos y amenazantes.
A pesar de esto, seguí hacia el río por entre largas hileras de chopos. Las ramas se agitaban con la furia del viento y las hojas parecían pájaros volando sin rumbo fijo, de ellas despedían una luz escasa como espejos en penumbra. Al final de una gran llanura. El olor a humedad y vegetación era inmenso, embriagador. Las raíces de los árboles brotaban saliendo de la tierra y volvían a sumergirse como serpientes fosilizadas. Mire hacia lo alto. Al fondo, aún se vislumbraba el cielo azul. Me asusté, presintiendo que la tormenta estaba encima de mí. No fue así; Unas leves gotas iban cayendo como indecisas, me envolvió una seguridad repentina, pero las nubes perezosas no se decidían a llorar sobre la tierra. La negrura no desaparecía, más bien daba la sensación de que estaba preñada de carros llenos de piedras, descargas eléctricas y sombras que se deslizaba aullando de pena. Cual quier cosa menos lluvia. De pronto el retumbar de un trueno. La tierra se estremeció. El cielo estaba cargado de destellos. Era como observar un océano suspendido en el aire.
No se como, vislumbre una juventud vacilante como la tormenta, que iba deambulando por el planeta sin ningún horizonte fijo, no sabían el porque de su existencia, sin trabajo, sin ilusión de poder tirar adelante,
¿Cómo podían sentirse independientes, y seguros? El panorama es deprimente….
Me acorde de los perros, ellos solo huelen la tierra, no tienen horizontes, solo la tierra. Nosotros llevamos la cabeza muy arriba. Allí todo es configurado. El no. El huele nuestros pasos, be por donde caminamos, donde están las cosas. No necesita nada más. Y nosotros necesitamos de lo innecesario.
Mercé Cardona 5-4-2011
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