
La cenicienta como es sabido desde hace miles de años, por arte de magia de hada madrina, para que pudiera asistir a la fiesta, que daba el príncipe en su mansión para escoger esposa, le proporcionó un magnifico vestido, unos zapatos de cristal, carroza y seis caballos, con sus correspondientes lacayos. Pero. Una condición, a las doce de la noche se terminaba el encanto. Debía dejarlo todo…
Bailó como nunca se hubiese imaginado, toda la noche con el príncipe, sus hermanastras llenas de envidia miraban a la joven que había acaparado todas las miradas de los invitados sin reconocerla. ¡Estaba tan feliz!, ni siquiera recordaba que al sonar las doce campanadas de la media noche, se terminaría el hadar.
En el preciso momento que sonaron las campanas recordó que terminaba el sortilegio. Sin pensarlo se precipitó corriendo por los pasillos. El príncipe la siguió, pues no entendía su reacción, al bajar la escalera se le cayó un zapato, y por miedo a que terminara el encanto lo dejo. En el preciso momento que llego al jardín, se encontró que estaba casi desnuda, pues todo lo que llevaba se esfumó, y siguió corriendo por entre los bosques, los árboles con el reflejo de la luna, parecían sombras andantes, las hojas que el viento hacia caer se imaginó que eran seres vivientes que la perseguían, los pájaros notaron el ruido de sus pasos apresurados, se asustaron tanto que levantaron el vuelo igual que fantasmas huyendo despavoridos. Por fin llego extenuada a su casa, muerta de miedo. De pronto le invadió una gran tristeza, pues se había enamorado del príncipe y pensó que todo había sido un sueño hermoso que nunca se realizaría, ¡pero no era del todo cierto! porque tenía en sus manos el otro zapato.
El príncipe, al bajar las escaleras, encontró el zapato, y dijo, tengo que encontrar a la hermosa joven y me casare con ella.
El zapato, empezó hacer un recorrido por toda la ciudad, iba de casa en casa, y de pie a pie, unos eran tan mal olientes que casi se desmayaba del gran olor que desprendían, otros eran tan gordos que se ahogaba de tanto que lo apretujaban, otros eran delgados, llenos de sabañones, otros llenos de raspaduras que al pasar le rayaban todo su ser causándole un gran dolor, y el pobre zapato pensaba que tan horrendo tormento no se lo merecía, pues el había sido creado para gozar de la vida, era frágil y necesitaba unos pies idílicos, así se lo habían dicho, y ahora se encontraba tan asustado que no entendía lo que pasaba, deseo de todo corazón encontrar los pies deliciosos que le hicieron bailar alegremente toda la noche, y que de pronto sin saber el porque perdió a su compañero y ahora se encontraba de pie en pie, cual el mas dañino, se puso muy triste, necesitaba encontrar a su compañero, deseaba con todas sus fuerzas que todo el calvario que estaba viviendo terminara de una vez. Miro el cielo azul, pidió un milagro. No tenia fuerzas para continuar con esa desconcertante pesadilla. Necesitaba ser querido, comprendido y que le llenaran de amor, tal como lo encontró mientras danzaba alegremente llevado por la música y la ternura de unos pies que le alegraban y le hacían sentirse útil…
Así pasaron casi tres días, tres días de angustia, que al pobre zapato le parecían interminables, deseaba de todo corazón que se encontrara la dueña y así terminar el gran suplicio.
Todos, zapato, lacayos y sobre todo el príncipe, se encontraban desilusionados, solo faltaban dos doncellas para probárselos no tenían fuerzas para seguir, la penúltima fue la mas horrible, pues la doncella se había cortado los dedos, y sangraba, el pobre zapato se encontró pintado de rojo, inundado y apestado, fue lavado y solo faltaba la última doncella .Entraron casi temblando pensando en lo que se encontrarían. Salio una doncella, bellísima, con una sonrisa tan dulce como la miel, unos cabellos de color de oro y ojos que semejaban haber salido del mar de tan azules. Tímidamente, se puso el zapato, el cual entro suavemente, el zapato se encontró como el pez en el agua, este pie era tan suave y desprendía un perfume ideal que decidió quedarse para siempre, pero ¡ Horror ¡ solo había un zapato y ella tenia dos pies. Tímidamente, ella saco de su bolsillo un zapato igual al que llevaba. ¡Ho Milagro ¡! eran iguales ¡ su corazón dio un brinco, era su compañero, por fin pensó, el milagro se ha cumplido, ahora si que podremos ser felices, el amor y la fe siempre vencen, nunca dudéis de esto, la fe mueve montañas…
La doncella que no era otra que la dulce cenicienta, y el príncipe que al instante la reconoció, se abrazaron y un dulce beso se fundió entre sus labios.
Así termino la historia del zapato de la cenicienta. Fue penoso, pero al fin triunfo el amor.
Mercé Cardona 30-12-2007
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