miércoles, 2 de enero de 2008

CARTA A UN ESPECIAL AMIGO




Querido amigo, hoy he recibido tu esperada carta. Como tú ya sabes tus letras son motivo de alegría y leídas con mucha ilusión. Mientras mis ojos van resiguiendo tu inconfundible y elegante escritura, me imagino que te tengo muy cerca de mi, incluso me parece escuchar tu dulce y melosa voz, puedo percibir todos tus sentimientos plasmados en el blanco y delicado papel.

Ayer, subí al Valle de Nuria. Mientras el tren colgante se elevaba montaña arriba, pensé en lo mucho que me hubiese gustado que estuvieras físicamente a mi lado, gozando del bello y magnifico paisaje que se iba paseando por mis sorprendidos ojos.

Las gigantescas montañas son de tonos diversos, hay toda una gama de colores metálicos y unos verdes de intensidades diferentes. A las orillas de los ríos se alzan unos árboles muertos, pelados que tienen un no se que de desechos humanos.

El Valle de Nuria, para mi, tiene un especial encanto, de admiración y fascinación, mientras paseaba pisando la gran alfombra de hierba verde, estampada de flores de todos los colores, con la bacas ganduleando descansando tranquilamente, escuchar el repicar de los cencerros, que resuenan dentro del viento. Algo misterioso se va filtrando dentro de mi corazón, es como una especia de energía positiva que creo que existe en pocos lugares del monte.

Atravesando el coquetón puente, el cual de invita a descansar, sentado en el borde de una piedra, contemplar el agua que pasa suave y transparente, experimentas una deliciosa sensación al percibir el murmullo constante de lluvia que mueve el río. Al cruzar el puente los pies pisan tremidamente la hierba ufana que adorna la bella pradera, que te lleva por un camino a una pequeña ermita, en el cual descansa un delicioso nacimiento de fresca y cristalina agua, que te apaga la sed refrescándote toda la garganta.

Subí al pico del Águila, colgada dentro de una cesta envuelta de vidrios claros y transparentes, tenía la sensación que volaba libremente por el mágico firmamento, un aire limpio y puro acariciaba todo mi ser experimentando una sensación de paz y libertad. Allá en la lejanía se alzaban las masas oscuras de los pirineos, con lenguas de nieve y flecos de niebla. Las montañas más próximas son amarillas de retama en flor que es inodora y pequeña. Todo mi ser se lleno de mágica fascinación y te presentía a mi lado con tu dulce mirada, contemplando toda la belleza de aquellos instantes, haciéndome sentir y vivir el momento presente. Cerré los ojos y por unos momentos dentro de mí, se elevo una plegaria a la Virgen de Nuria, diciéndole. Este año no ha venido, pero el próximo año! haz que también venga el ¡

El Valle de Nuria, cuando la tarde se funde, tiene una visión tranquila y dulce, yo me imaginaba un paisaje triste, más en aquellos momentos no lo era. A toda velocidad el sol se posaba en las cimas y una claridad dorada las iluminaba. Cuando todo se va fundiendo y llego la noche, me quede un rato sentada arras de un despeñadero. El gran cielo con la luna pálida en medio del valle verde, rodeada de gigantes montañas limpias de niebla. Todo parecía una pintura irreal,. ¡Que grandiosidad Dios mío ¡ Las aguas de los ventisqueros que no dejan nunca el río, hacen un rumor incesante con la gran paz y el silencio. Y tú, estabas en mi pensamiento, incluso el aire limpio y transparente, me acariciaba la cara, era talmente como si fuera tu dulce y suave mano…


Mercé Cardona


25-4-1990

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