
MI MECEDORA
Tengo una mecedora de madera de color castaño, con un arqueo de forma de serpiente, los brazos que aguanta el respaldo, tiene figura de caracol, todo el es viejo y esta bastante carcomido, detrás hay una redonda que esta un poco rota de tantos años que tiene, ha vivido, ha visto y sentido momentos tristes y felices, durante varias generaciones.
Yo creo que hay que respectarlo, conservarlo y amarlo. Si el pudiera hablar, ¡ cuantas cosas diría de todos los seres que se han confiado en el.! Sueños, esperanzas, sufrimientos, alegrías, lagrimas, ilusiones. El durante muchos años lo ha soportado todo, sin nunca protestar ni quejarse. El siempre esta mudo, impasible, arrogante, orgulloso de vivir y sentirse querido.
La casa donde siempre había vivido, la han demolido, han hecho avenidas, aceras muy anchas, jardines, para hacer la ciudad mas bonita. En el piso donde lo llevaron, solo encontró tristeza, añoranza, ni el ni su ama se sentían a gusto. Su ama aborrecida de tanta tristeza al arrancarla de su antigua vivienda, decidió que era la hora de Volar al Mas Allá, y el muy solo se quedo. Pero yo a esta mecedora la quiero mucho, lo querían llevar a una casa muy lejos, donde hacia mucho frió, a mi me dolía en corazón tan solo de pensarlo, no lo encontraba justo y con mucha tristeza pensaba que quizás no lo vería nunca mas y yo ¡ lo quería tanto ¡ en mi casa no tenia cabida, era muy acogedora pero pequeña, ¿ donde lo podría meter ¿ no lo sabia, todo estaba tan lleno, que para el no había sitió. Un día un rayo de luz me iluminó, ya se lo que voy hacer?, sacaré el sofá, nadie lo usa, ni yo misma, pues no me siento cómoda, tan solo lo goza el gato, pero el puede dormir a otro lugar, dicho y hecho. El sofá lo di a una pareja, que el suyo lo tenían muy roto, ellos estuvieron muy contentos y yo también.
El balancín ha ocupado el lugar del sofá, si, y además queda muy bien, como compañía le compre una bonita planta quedando un rincón muy original. Cuando algún rato me siento en el, me balanceo, me siento tranquila, me da paz…
Mi abuela era hija de Esparraguera, cuando se caso fue a vivir a San Andrés, y compró una mecedora, el balancín gozo de la compañía de mi abuelo que siempre le gustaba balancearse. Fruto del amor, nacieron cuatro hijos, hermosos como un manojo de rosas, los cuatro siempre se lo disputaban para balancearse. . Una de las flores de mi abuela se casó, también nacieron dos hijos, bonitos como no los ay, estos hijos tambien seguían la tradición, las disputas para balancearse y gozar de su dulce vaivén, los dos fueron creciendo, como es natural, formaron pareja, y aterrizaron en este hermoso planeta dos hijos más. Uno fui yo…
Mi madre cogió una de esas enfermedades modernas, que van consumiendo a la persona sin entender demasiado el porque, sufría mucho no tenia remedio, se iba extinguiendo hasta que no quedara nada. Ella también se balanceaba cuando lo que llevaba dentro la hacia sufrir. con una sonrisa forzada pero muy dulce que le iluminaba todo su ser, iba diciendo, “ no os preocupéis, esto no es nada “ en este balancín me encuentro mas bien debe de ser su suave vaivén que me lo calma todo.
Después mis hijos también se lo disputaron, los dos se han balanceado hasta que fueron mayores.
Ahora lo tengo yo, esta en mi casa, estoy orgullosa de haberlo llevado, cuando me siento mientras miro la TV. leyendo o pensando su balanceo es como un sedante. El ha vivido durante muchos años con unas generaciones que todos lo han querido, el los ha balanceado con mucho cariño sin nunca protestar. No me lo imagino lejos de mi , pero ves ha saber el que le tocar de vivir, el mundo esta revuelto, nada tiene valor, todo lo viejo estorba, quien sabe si será tirado sin ningún miramiento, como un mueble viejo cuando no sirve para nada.
No debo pensar lo que pasará, tenemos que vivir el presente, de momento estoy gozando de el, y su vaivén me da consuelo, me trasmite quietud y mucha paz. Lo que pasará cuando yo no este, tan solo El lo sabe. Yo tan solo se que un día, mientras me balanceaba, mire el cielo, unos aviones incansables volaban rápidos bajo el firmamento. El sol poniente, las nubes de color lila de fuego y de ámbar, parecían sirenas, Ángeles y serafines, los aviones seguían volando como rápidos peces en un hermoso lago, lleno de algas ardientes. Mi corazón se elevo con los aviones hasta el gran firmamento, una dulce paz me embargó, y el balanceo de mi mecedora era mas dulce que nunca. El me ayuda me hace vivir momentos impensados, eso es lo que cuenta, es un don que Dios me a concedido, y no lo puedo desaprovechar. Lo demás quien sabe lo que pasará..
Esto fue escrito el año 1992. Ahora estamos en el 2007, vivo en Monzón y también mi mecedora, pero esta tan vieja que solo puede balancear a dos muñecas…
Mercé Cardona 3-12-2007
Tengo una mecedora de madera de color castaño, con un arqueo de forma de serpiente, los brazos que aguanta el respaldo, tiene figura de caracol, todo el es viejo y esta bastante carcomido, detrás hay una redonda que esta un poco rota de tantos años que tiene, ha vivido, ha visto y sentido momentos tristes y felices, durante varias generaciones.
Yo creo que hay que respectarlo, conservarlo y amarlo. Si el pudiera hablar, ¡ cuantas cosas diría de todos los seres que se han confiado en el.! Sueños, esperanzas, sufrimientos, alegrías, lagrimas, ilusiones. El durante muchos años lo ha soportado todo, sin nunca protestar ni quejarse. El siempre esta mudo, impasible, arrogante, orgulloso de vivir y sentirse querido.
La casa donde siempre había vivido, la han demolido, han hecho avenidas, aceras muy anchas, jardines, para hacer la ciudad mas bonita. En el piso donde lo llevaron, solo encontró tristeza, añoranza, ni el ni su ama se sentían a gusto. Su ama aborrecida de tanta tristeza al arrancarla de su antigua vivienda, decidió que era la hora de Volar al Mas Allá, y el muy solo se quedo. Pero yo a esta mecedora la quiero mucho, lo querían llevar a una casa muy lejos, donde hacia mucho frió, a mi me dolía en corazón tan solo de pensarlo, no lo encontraba justo y con mucha tristeza pensaba que quizás no lo vería nunca mas y yo ¡ lo quería tanto ¡ en mi casa no tenia cabida, era muy acogedora pero pequeña, ¿ donde lo podría meter ¿ no lo sabia, todo estaba tan lleno, que para el no había sitió. Un día un rayo de luz me iluminó, ya se lo que voy hacer?, sacaré el sofá, nadie lo usa, ni yo misma, pues no me siento cómoda, tan solo lo goza el gato, pero el puede dormir a otro lugar, dicho y hecho. El sofá lo di a una pareja, que el suyo lo tenían muy roto, ellos estuvieron muy contentos y yo también.
El balancín ha ocupado el lugar del sofá, si, y además queda muy bien, como compañía le compre una bonita planta quedando un rincón muy original. Cuando algún rato me siento en el, me balanceo, me siento tranquila, me da paz…
Mi abuela era hija de Esparraguera, cuando se caso fue a vivir a San Andrés, y compró una mecedora, el balancín gozo de la compañía de mi abuelo que siempre le gustaba balancearse. Fruto del amor, nacieron cuatro hijos, hermosos como un manojo de rosas, los cuatro siempre se lo disputaban para balancearse. . Una de las flores de mi abuela se casó, también nacieron dos hijos, bonitos como no los ay, estos hijos tambien seguían la tradición, las disputas para balancearse y gozar de su dulce vaivén, los dos fueron creciendo, como es natural, formaron pareja, y aterrizaron en este hermoso planeta dos hijos más. Uno fui yo…
Mi madre cogió una de esas enfermedades modernas, que van consumiendo a la persona sin entender demasiado el porque, sufría mucho no tenia remedio, se iba extinguiendo hasta que no quedara nada. Ella también se balanceaba cuando lo que llevaba dentro la hacia sufrir. con una sonrisa forzada pero muy dulce que le iluminaba todo su ser, iba diciendo, “ no os preocupéis, esto no es nada “ en este balancín me encuentro mas bien debe de ser su suave vaivén que me lo calma todo.
Después mis hijos también se lo disputaron, los dos se han balanceado hasta que fueron mayores.
Ahora lo tengo yo, esta en mi casa, estoy orgullosa de haberlo llevado, cuando me siento mientras miro la TV. leyendo o pensando su balanceo es como un sedante. El ha vivido durante muchos años con unas generaciones que todos lo han querido, el los ha balanceado con mucho cariño sin nunca protestar. No me lo imagino lejos de mi , pero ves ha saber el que le tocar de vivir, el mundo esta revuelto, nada tiene valor, todo lo viejo estorba, quien sabe si será tirado sin ningún miramiento, como un mueble viejo cuando no sirve para nada.
No debo pensar lo que pasará, tenemos que vivir el presente, de momento estoy gozando de el, y su vaivén me da consuelo, me trasmite quietud y mucha paz. Lo que pasará cuando yo no este, tan solo El lo sabe. Yo tan solo se que un día, mientras me balanceaba, mire el cielo, unos aviones incansables volaban rápidos bajo el firmamento. El sol poniente, las nubes de color lila de fuego y de ámbar, parecían sirenas, Ángeles y serafines, los aviones seguían volando como rápidos peces en un hermoso lago, lleno de algas ardientes. Mi corazón se elevo con los aviones hasta el gran firmamento, una dulce paz me embargó, y el balanceo de mi mecedora era mas dulce que nunca. El me ayuda me hace vivir momentos impensados, eso es lo que cuenta, es un don que Dios me a concedido, y no lo puedo desaprovechar. Lo demás quien sabe lo que pasará..
Esto fue escrito el año 1992. Ahora estamos en el 2007, vivo en Monzón y también mi mecedora, pero esta tan vieja que solo puede balancear a dos muñecas…
Mercé Cardona 3-12-2007
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