
LA TORTUGA
Es un día claro, transparente. El río plateado por la luz radiante del sol, lo llena de estrellas diminutas, parece que bailan al son del agua. Pongo los pies en el río, esta frío pero es agradable. De pronto un bulto de color indescifrable baja serpenteando sobre el agua- ¡Es una tortuga! La salvo de la corriente que la arrastra río abajo, esta asustada, esconde su cabecita dentro del cascarón. ¡Ya esta! Reposa tranquila sobre unas hojas que el viento ha hecho volar. La miro….
Mi mente vuelve a mi niñez. Tenía una tortuga enorme, la llevo de no se donde, un hermano de mi abuelo. Siempre me seguía, le daba lechuga, tomate, este era su plato favorito.
Siempre me ha gustado tomar el sol, así que al llegar la primavera era mi obsesión tumbarme en mi jardín sobre una toalla. La tortuga, que ya había salido de su letargo invernal, venia directamente a morderme el dedo del pie, su dentadura es parecida a una pequeña sierra. Era hembra y cada año ponía huevos, eran pequeños, mi abuela cuando conseguía tener 4, los freía y nos daba dos a mi hermano y dos a mí, nos lo comíamos con avidez….
Calculábamos que era muy vieja, su caparazón estaba roto, como si le hubieran dado un martillazo, pero no le afectaba para nada. Pasaron los años, llego el tiempo de reformar la ciudad. Demolieron la casa. Jamás supimos como la tortuga desapareció, fue inútil nuestra búsqueda. Fue un misterio, estaba dentro de una caja, y de allí se esfumo….
Cuando abrí los ojos, el sol estaba en lo alto. Di un brinco,¿ había soñado? mire a mi alrededor, divise a la tortuga sobre las hojas, no se había movido, era como si supiera que me la llevaría. Ahora pernocta en mi jardín, feliz corretea. El gato la mira con curiosidad, con la patita le golpea y ella muy lista se esconde dentro de su caparazón, para lo dos es como un juego. Me da gozo mirarla,¡ me recuerda tanto mi infancia!
Me da felicidad, mis nietas están encantadas de tener una tortuga, ella las sigue tal como hacia la mía en mi adolescencia. “Es curiosa la vida”
Merce Cardona 3-6-2010
2 comentarios:
Un animal es siempre un consuelo, una compaña. Pero si además no da un ruido... jajajaja
Saludos y un abrazo.
Tengo recuerdos gratos con las tortugas. UNa tía vivía en Puerto Wilches, a orllas del Río Magdalena. En la Ciénaga de paturia, dàndose baños de sol, las icoteas, llaman a las tortugas asñi`por estos, entre el barro humedo que dejaban las mareas de los caños. Un abrazo. carlos
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