
HACE PENSAR
Hablábamos largos ratos en el salón por la noche o íbamos a pasear a lo largo de las hileras de pomelos que él mismo había plantado.
Al principio, me dijo, este trabajo me fue simplemente asignado. En los primeros tiempos, plantar un árbol equivalía a construir una pared, no veía la diferencia; pero con los años, mientras los cuidaba y los veía crecer nació en mí una verdadera pasión. Mi mujer me tomaba el pelo con frecuencia; “piensas más en ellos que en tus hijos” y pueda que tuviera razón.
>En el fondo, sobre el destino de los hijos, flotaba una cierta fatalidad, sabia que, me esforzaba en cuidarlos de la mejor manera, en un momento dado ellos podrían decidir---con toda autonomía ---escoger un camino equivocado o simplemente distinto al mío.
En cambio con mis árboles era diferente. Ellos dependían de mis cuidados esperaban el agua cuando la tierra estaba demasiado seca, el aceite mineral los protegía de la cochinilla, la cantidad adecuada de abono al final del invierno, porque una proporción equivocada entre los distintos componente produciría demasiadas hojas o desencadenaría la caída prematura de flores y hojas o también peligrosas quemaduras. Es un error que cometía con frecuencia al principio: daba demasiado alimento a la tierra y, como una madre ansiosa, pensando que la enriquecía, hice que se enfermara. Hay que poner el abono en la justa medida y en el debido tiempo: a veces se debe incluso evitarlo.Una razonable privación es buena para las plantas, como también para los hijos: es necesario renunciar a algo para después sentir el deseo de tenerlo.
Hoy en día existe la idea algo limitada de que, para ser felices, los niños deben tenerlo todo enseguida: conocer lenguas, jugar con el ordenador. Hablo siempre de esto con las parejas jóvenes , me dicen que soy anticuado y pueda que un poco sádico. No comprenden que, para ponerse en camino, es necesario tener nostalgia de algo. Si le quito la luz a una planta reunirá todas sus fuerzas para lograr encontrarla, las células apicales se estiraran de manera espasmódica para descubrir un resquicio y, una vez alcanzada la meta, la planta será más fuerte porque habiéndose enfrentado a la adversidad, con la adversidad, ha logrado superarla.
Las plantas mimadas, como los niños, tienen un único camino ante si, el de su EGO.
Me gustaría, sin embargo, que la gente pensara más en los árboles, que aprendiera a cuidarlos, a sentir gratitud hacia ellos, porque tienen que pensar que sin ellos nuestra vida no podría existir: es su respiración la que nos permite respirar a nosotros.
Mercé Cardona
10-6-2009
Esto es un fragmento del libro
ESCUCHA MI VOZ.
De Susana Tamaro
Me gusto y os lo paso, hace pensar, si tenéis tiempo os lo recomiendo.
Hablábamos largos ratos en el salón por la noche o íbamos a pasear a lo largo de las hileras de pomelos que él mismo había plantado.
Al principio, me dijo, este trabajo me fue simplemente asignado. En los primeros tiempos, plantar un árbol equivalía a construir una pared, no veía la diferencia; pero con los años, mientras los cuidaba y los veía crecer nació en mí una verdadera pasión. Mi mujer me tomaba el pelo con frecuencia; “piensas más en ellos que en tus hijos” y pueda que tuviera razón.
>En el fondo, sobre el destino de los hijos, flotaba una cierta fatalidad, sabia que, me esforzaba en cuidarlos de la mejor manera, en un momento dado ellos podrían decidir---con toda autonomía ---escoger un camino equivocado o simplemente distinto al mío.
En cambio con mis árboles era diferente. Ellos dependían de mis cuidados esperaban el agua cuando la tierra estaba demasiado seca, el aceite mineral los protegía de la cochinilla, la cantidad adecuada de abono al final del invierno, porque una proporción equivocada entre los distintos componente produciría demasiadas hojas o desencadenaría la caída prematura de flores y hojas o también peligrosas quemaduras. Es un error que cometía con frecuencia al principio: daba demasiado alimento a la tierra y, como una madre ansiosa, pensando que la enriquecía, hice que se enfermara. Hay que poner el abono en la justa medida y en el debido tiempo: a veces se debe incluso evitarlo.Una razonable privación es buena para las plantas, como también para los hijos: es necesario renunciar a algo para después sentir el deseo de tenerlo.
Hoy en día existe la idea algo limitada de que, para ser felices, los niños deben tenerlo todo enseguida: conocer lenguas, jugar con el ordenador. Hablo siempre de esto con las parejas jóvenes , me dicen que soy anticuado y pueda que un poco sádico. No comprenden que, para ponerse en camino, es necesario tener nostalgia de algo. Si le quito la luz a una planta reunirá todas sus fuerzas para lograr encontrarla, las células apicales se estiraran de manera espasmódica para descubrir un resquicio y, una vez alcanzada la meta, la planta será más fuerte porque habiéndose enfrentado a la adversidad, con la adversidad, ha logrado superarla.
Las plantas mimadas, como los niños, tienen un único camino ante si, el de su EGO.
Me gustaría, sin embargo, que la gente pensara más en los árboles, que aprendiera a cuidarlos, a sentir gratitud hacia ellos, porque tienen que pensar que sin ellos nuestra vida no podría existir: es su respiración la que nos permite respirar a nosotros.
Mercé Cardona
10-6-2009
Esto es un fragmento del libro
ESCUCHA MI VOZ.
De Susana Tamaro
Me gusto y os lo paso, hace pensar, si tenéis tiempo os lo recomiendo.
1 comentario:
Muy buena reflexion y buen libro, cierto lo que dice sobre los hijos, las plantitas. He visto como las plantitas se estiran para salir a la luz, un gusto leerte amiga, te dejo un beso a la distancia, cuidate mucho.
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