
LA JUGUETONA ENVIDIA
Había una vez una juguetona envidia, nunca estaba contenta, siempre mirando de reojo a los demás, ella se sentía desplazada de todos, se encontraba triste y no encontraba un lugar en donde se sintiera a gusto, todo le molestaba y no sabia que hacer con su envidia…
Un día en que nació una luminosa mañana, salió y el sol con sus hermosos rayos la deslumbro, se lo miró y con gesto molesto le dijo, quien pudiera ser como tú, sales cada día, alumbras todo el planeta, eres imprescindible, pues sin ti no habría vida, mírame a mi, siempre voy deambulando de un lado a otro, nunca estoy contenta, una tristeza me invade, la vida no vale la pena, pues todo me sale mal, solo triunfan los seres codiciosos y llenos de maldad…
Se fue andando, encontró un hermoso río, sus cristalinas y transparentes aguas, corrían alegres, unas hojas se balanceaban y los rayos del sol alumbrando las aguas parecían estrellas caídas del firmamento, todo estaba repleto de armonía, él el río serpenteando bajaba contento siguiendo su curso, llego al mar. Allí sus aguas en un fraternal abrazo se unieron llenas de amor y la envidia poseída de rencor dijo ¿Por qué no puedo ser como tu?
Fue por un frondoso camino, la llevo a una llanura rodeada de gigantes montañas, su vegetación verde y hermosas flores silvestres hacían de aquel lugar un paraíso. La envidia la rabia la carcomió, se puso verde, amarilla, grito de impotencia, toda aquella maravilla la llenaba de cólera. Y dijo,¿ porque no puedo ser como tú?
Se adentro por un sendero, estrecho, el suelo estaba repleto de diminutas piedrecillas, que al ir andando se convirtieron en fina arena, cada momento una deliciosa ola la acariciaba, la lamía dejándola suave y con las rayos del sol, unos pequeños diamantes lucían como chispeantes lucecitas y la envidio llena de desesperación dijo ¿Por qué no puedo ser como tu?
La tarde poco a poco se fue esfumando, sus rayos opacos se escondían detrás de la cordillera, unas nubes que danzaban pacientemente bajo el cielo azul, se iban coloreando de todos los colores, parecían pájaros exóticos volando hacia el Mas Allá. Todo aquello le pareció tan fascinante. Lloro amargamente mientras con gran congoja decía. ¿Por qué no puedo ser como tú?
La noche llego suavemente como lo hacia desde miles de siglos, la luna asomo su faz radiante bajo el firmamento, sonriente, fascinante, sus sombras y su luz adornaban toda la tierra. Era todo como irreal, las estrellas parpadeaban a su alrededor, y entre estrellas y luna la noche era deslumbrante. La envidia lo observaba todo con mucha tristeza. ¿Por qué no puedo se como tú?
De pronto unas nubes bajo el cielo estrellado empezaron a llorar, eran lágrimas que se deslizaban suavemente, estaban afligidas, pues viendo el gran sufrimiento de la envidia y su desorientación se encontraban impotentes. Mas una de pronto dijo, nuestras lágrimas se convertirán en ángeles bajados del cielo, se posaran sobre la envidia, la llenarán de amor y paz. Por fin se aceptara a si misma, nunca más deseara ser otra cosa que lo que es…
Y colorin colorado este cuento llego a su fin.
Mercé Cardona
15-6-2008
Había una vez una juguetona envidia, nunca estaba contenta, siempre mirando de reojo a los demás, ella se sentía desplazada de todos, se encontraba triste y no encontraba un lugar en donde se sintiera a gusto, todo le molestaba y no sabia que hacer con su envidia…
Un día en que nació una luminosa mañana, salió y el sol con sus hermosos rayos la deslumbro, se lo miró y con gesto molesto le dijo, quien pudiera ser como tú, sales cada día, alumbras todo el planeta, eres imprescindible, pues sin ti no habría vida, mírame a mi, siempre voy deambulando de un lado a otro, nunca estoy contenta, una tristeza me invade, la vida no vale la pena, pues todo me sale mal, solo triunfan los seres codiciosos y llenos de maldad…
Se fue andando, encontró un hermoso río, sus cristalinas y transparentes aguas, corrían alegres, unas hojas se balanceaban y los rayos del sol alumbrando las aguas parecían estrellas caídas del firmamento, todo estaba repleto de armonía, él el río serpenteando bajaba contento siguiendo su curso, llego al mar. Allí sus aguas en un fraternal abrazo se unieron llenas de amor y la envidia poseída de rencor dijo ¿Por qué no puedo ser como tu?
Fue por un frondoso camino, la llevo a una llanura rodeada de gigantes montañas, su vegetación verde y hermosas flores silvestres hacían de aquel lugar un paraíso. La envidia la rabia la carcomió, se puso verde, amarilla, grito de impotencia, toda aquella maravilla la llenaba de cólera. Y dijo,¿ porque no puedo ser como tú?
Se adentro por un sendero, estrecho, el suelo estaba repleto de diminutas piedrecillas, que al ir andando se convirtieron en fina arena, cada momento una deliciosa ola la acariciaba, la lamía dejándola suave y con las rayos del sol, unos pequeños diamantes lucían como chispeantes lucecitas y la envidio llena de desesperación dijo ¿Por qué no puedo ser como tu?
La tarde poco a poco se fue esfumando, sus rayos opacos se escondían detrás de la cordillera, unas nubes que danzaban pacientemente bajo el cielo azul, se iban coloreando de todos los colores, parecían pájaros exóticos volando hacia el Mas Allá. Todo aquello le pareció tan fascinante. Lloro amargamente mientras con gran congoja decía. ¿Por qué no puedo ser como tú?
La noche llego suavemente como lo hacia desde miles de siglos, la luna asomo su faz radiante bajo el firmamento, sonriente, fascinante, sus sombras y su luz adornaban toda la tierra. Era todo como irreal, las estrellas parpadeaban a su alrededor, y entre estrellas y luna la noche era deslumbrante. La envidia lo observaba todo con mucha tristeza. ¿Por qué no puedo se como tú?
De pronto unas nubes bajo el cielo estrellado empezaron a llorar, eran lágrimas que se deslizaban suavemente, estaban afligidas, pues viendo el gran sufrimiento de la envidia y su desorientación se encontraban impotentes. Mas una de pronto dijo, nuestras lágrimas se convertirán en ángeles bajados del cielo, se posaran sobre la envidia, la llenarán de amor y paz. Por fin se aceptara a si misma, nunca más deseara ser otra cosa que lo que es…
Y colorin colorado este cuento llego a su fin.
Mercé Cardona
15-6-2008
2 comentarios:
És divertit. Dolors
Que hermoso cuento. Debemos aceptarnos como somos y no envidiar ser lo que no podremos. Un beso y abrazo, cuidate.
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