jueves, 2 de octubre de 2008

V I V E N C I A S


V I V E N C I A S

Era una tarde de verano, tenía ganas de andar y de paso poder contemplar el mar.

Sin darme cuenta, me encontré arriba de Miramar de Barcelona, me apoye en la barandilla contemplando el mar, el mediterráneo al caer la tarde tenía reflejos de color de vino. El gran puerto, desde la altitud parecía diminuto, mis ojos lo contemplaban todo como si fuera la vista de un pájaro, en las dársenas, salían a la superficie los esqueletos oxidados de los viejos barcos. A mi derecha, los cipreses del cementerio del sud-oeste, se alzaban mirando el cielo blanquecino.

Por la carretera, fui bajando hasta el puerto. El mar tenía manchas de óleo brillante, con un olor a brea, a cuerdas desechadas que penetraban profundamente dentro de mí desagradablemente. Los grandiosos barcos reposaban tranquilamente sobre las turbias aguas, de cuando en cuando, las aguas temblaban al paso de algunas barcas con el golpe del remo.

Yo estaba allá, en una mañana de verano y me sentía tan pequeña y sola entre medio de la gente, que desee estar a la cima de una montaña, rodeada de pinos, árboles, pájaros y por techo el cielo. Allá en medio de la Madre Naturaleza, me sentiría mas acompañada que aquí, en medio de la multitud que no cesada de pasar, eran como un rebaño de corderos, desorientados, porque habían perdido a su pastor, caminaban de un lado a otro sin ningún sentido. Yo, los contemplaba, verdaderamente parecía que no sabían donde ir, sus semblantes, sin expresión, otros con un rictus de amargura, algunos no tanto, todos llevaban su drama interior. Nadie los podía ayudar. Tenían que pasarlo solos. Tan solos como yo.

Esta mañana, fue un largo día de color de miel y azul. Un día como otro, pero para mí fue especial.

El mar canta y golpea, no esta de acuerdo. No quiere que lo limiten, aun esta naciendo.

El agua se estrella contra la roca y se abren por primera vez sus ojos infinitos. Pero se cierran otra vez, no para morir, sino para seguir naciendo. Así, lo haremos nosotros, pasaremos y volveremos para ser mejores, si es que hemos aprendido la lección.

Cuantas veces, toque con mi corazón y mi mano, aquella luna de miel marina, dibujada dentro del mar.

Querido mar, hacia tiempo que no te veía, te añoraba profundamente. Allá lejos en el Horizonte, unas barcas se deslizan, suaves, sobre las aguas cristalinas de ese mar tan maravilloso.

El sol luce y se refleja sobre el mar, verdaderamente parece que este repleto de estrellas que relucen continuamente.

El paseo está rebosante de personas, que pasean tranquilamente contemplando el mar, yo pienso, que les da esperanza para seguir el camino que se han trazado.

Ay muchas maneras de dividir a los seres humanos, yo los divido entre los que se arrugan hacia arriba y los que se arrugan hacia abajo. Yo, quiero ser de los primeros, quiero que mi cara envejecida no sea triste, quiero tener las arrugas del sonreír y llevármelas al otro mundo. ¡Quien sabe lo que tendremos que afrontar Allá!

Espero que lo que sea, será mejor que aquí. Pues no se encuentra justicia, ni humana ni Divina, Tan solo me consuela la Gran Natura, que esta si que siempre está y estará…

SOSPRENDENTE

Las olas se estrellan contra la gran roca. La espuma se alza y salta, hasta llegar al otro lado, apareciendo infinidad de estrellas.

Un niño se las mira, levanta la mano, las quiere alcanzar. La espuma liguera, le acaricia los dedos. El se la mira. ¡Y queda sorprendido al ver que se va volando por el espacio!

Así, es la vida, a veces pasa y no podemos coger, aquello que querrías en aquellos instantes. ¡Misterio ¡ ¿ Quien lo sabe ¿

Mercé Cardona 3-ñ1-2008

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