viernes, 24 de octubre de 2008

PRELUDIO DE INVIERNO

PRELUDIO DE INVIERNO De Marisa Río

El frío crece en la noche, se nos clava

como alfileres prendido en la almohada.

La estufa con su calor

estremece el rigor de su iceberg

con un calambre de cálida ternura.

Todo es tibio en nuestro salón.

Tu abrazo sobre mi cintura, remata

el abanico abierto de tus besos en mi cuello.

Los párpados blancos de los estores en alto,

testigos mudos, ceden paso a la luz externa.

En el ordenador tecleo mis poemas.

Tus ojos vacían la mirada a la calle.

El cielo comienza a desatar su orgía

de cópulas diminutas, imperceptibles primero,

blanca luego como maná que redimen el día.

Se desploman los grises del vacío

por un blanco cándido.

Copula la nieve sobre el asfalto,

en la hojas de los árboles, en los tejados

sobre los arbustos o a ras de tierra.

Nuestra risa se une a la magia del tiempo.

Calzamos las botas de montaña

como un ritual de lujuria.

Unimos las manos y salimos

a desflorar la virginal pureza.

Los jóvenes prostituyen el blanco de los coches.

Todo es un preámbulo de formas, bolas voluptuosas

se deshacen sobre rostros de amigos ingenuos.

El goce se desarma entre las manos,

cae como líquido clímax.

Avanzamos bajo paraguas, mi pié se hunde

Desmenuza un pirulí de caniche.

Su boina de nieve se destruye.

Y el grueso arpón del silencio

inmoviliza nuestro rostro. Mercé Cardona

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