PRELUDIO DE INVIERNO De Marisa Río
El frío crece en la noche, se nos clava
como alfileres prendido en la almohada.
La estufa con su calor
estremece el rigor de su iceberg
con un calambre de cálida ternura.
Todo es tibio en nuestro salón.
Tu abrazo sobre mi cintura, remata
el abanico abierto de tus besos en mi cuello.
Los párpados blancos de los estores en alto,
testigos mudos, ceden paso a la luz externa.
En el ordenador tecleo mis poemas.
Tus ojos vacían la mirada a la calle.
El cielo comienza a desatar su orgía
de cópulas diminutas, imperceptibles primero,
blanca luego como maná que redimen el día.
Se desploman los grises del vacío
por un blanco cándido.
Copula la nieve sobre el asfalto,
en la hojas de los árboles, en los tejados
sobre los arbustos o a ras de tierra.
Nuestra risa se une a la magia del tiempo.
Calzamos las botas de montaña
como un ritual de lujuria.
Unimos las manos y salimos
a desflorar la virginal pureza.
Los jóvenes prostituyen el blanco de los coches.
Todo es un preámbulo de formas, bolas voluptuosas
se deshacen sobre rostros de amigos ingenuos.
El goce se desarma entre las manos,
cae como líquido clímax.
Avanzamos bajo paraguas, mi pié se hunde
Desmenuza un pirulí de caniche.
Su boina de nieve se destruye.
Y el grueso arpón del silencio
inmoviliza nuestro rostro. Mercé Cardona
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