
AMOR CARIÑO AFECTO
Eran dos seres, hechos el uno para el otro. Estaban en el estadio más feliz del amor, llenos de coraje e ilusiones del uno respecto al otro, de manera que la comunión de un ser hacia el otro parecía volverse en un nivel donde no importaban las otras relaciones humanas. Los dos parecían haber llegado empapados de una inocencia extraordinaria, como si una retahíla de accidentes planeados, los hubiesen empujado a decidirse, la química los envolvía el uno hacia el otro.
Habían llegado con las manos limpias, o así lo parecía, sin haber tenido ningún contacto con lo que es curioso y clandestino…
El cuerpo húmedo y tierno de ella, se aferraba contra el de el, talmente como un fresco de ropa desfallecida, permanecía allí crujiente proyectándose contra un fondo de sombreros y ropa de otros.
Cuando bailaba con el, sentía la propia belleza proyectada como un estallido contra aquella forma alta, sin darse cuenta se iban elevando como dos personas sumergidas en un sueño divertido, la forma en que la hacia mover de aquí hacia allá, con una tal exquisitez de sugestión, que ella era como un ramo de rosas, una pieza de ropa muy delicada que uno exhibía delante de cincuenta ojos. Llego un momento que ni bailaban, juntos volaban por el espacio hacia al Mas Allá…
Mercé Cardona 24-7-2008
ANTHONY DE MELLO
Depender de otra persona para estar alegre o triste es ir contra la realidad. La felicidad y la alegría no pueden venir de fuera. Están dentro de mí.
Lo que venga de fuera puede estimularme más o menos, pero no puede darme ni una pizca de felicidad: sólo yo puedo actualizar y expresar desde mi propia realidad, las potencias de amor que pueden hacerme feliz.
Eran dos seres, hechos el uno para el otro. Estaban en el estadio más feliz del amor, llenos de coraje e ilusiones del uno respecto al otro, de manera que la comunión de un ser hacia el otro parecía volverse en un nivel donde no importaban las otras relaciones humanas. Los dos parecían haber llegado empapados de una inocencia extraordinaria, como si una retahíla de accidentes planeados, los hubiesen empujado a decidirse, la química los envolvía el uno hacia el otro.
Habían llegado con las manos limpias, o así lo parecía, sin haber tenido ningún contacto con lo que es curioso y clandestino…
El cuerpo húmedo y tierno de ella, se aferraba contra el de el, talmente como un fresco de ropa desfallecida, permanecía allí crujiente proyectándose contra un fondo de sombreros y ropa de otros.
Cuando bailaba con el, sentía la propia belleza proyectada como un estallido contra aquella forma alta, sin darse cuenta se iban elevando como dos personas sumergidas en un sueño divertido, la forma en que la hacia mover de aquí hacia allá, con una tal exquisitez de sugestión, que ella era como un ramo de rosas, una pieza de ropa muy delicada que uno exhibía delante de cincuenta ojos. Llego un momento que ni bailaban, juntos volaban por el espacio hacia al Mas Allá…
Mercé Cardona 24-7-2008
ANTHONY DE MELLO
Depender de otra persona para estar alegre o triste es ir contra la realidad. La felicidad y la alegría no pueden venir de fuera. Están dentro de mí.
Lo que venga de fuera puede estimularme más o menos, pero no puede darme ni una pizca de felicidad: sólo yo puedo actualizar y expresar desde mi propia realidad, las potencias de amor que pueden hacerme feliz.
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