UNA DE MIS PINTURAS
MICROCOSMO DE LA CALLE
DONDE VIVÍA
La calle donde yo vivía en mi infancia, parecía un pequeño pueblo. Al
lado de casa, vivía un matrimonio, Emilia, Quimet y un hijo Emilio, una abuela
que no recuerdo su nombre, era bajita y muy delgada. Nosotros teníamos un pozo
que lo compartíamos, tenía acceso a las dos casas. Ellos criaban palomas con
unas jaulas colgadas al patio.
Emilio, era el terror del barrio, inquieto, furioso, enrevesado. Su
comportamiento era casi insólito, tenía un perro, y si los perros pueden ser
santos, ese seria uno de ellos. Emilio, lo ponía dentro de un cesto atado con
una cuerda, lo bajaba dentro del pozo hasta que el pobre perro de tanto gritar
le fallaba la voz. Otro día colgaba a su abuela dentro de la jaula de las palomas, la pobre mujer, lloraba,
gritaba, hasta que el le pasaba por la cabeza y la bajaba. Cuando pegaba la
chiquillada, siempre a los más pequeños, las madres estaban hartas de tantas
gamberradas, para que no lo castigaran, se subía a la rama más alta de una
higuera que pernoctaba delante de la casa, allí permanecía hasta que el
ambiente se calmaba. Ahora al recordarlo, era algo alucinante.
Emilio, con el tiempo se convirtió en un hombre atractivo, se caso con
una mujer muy llamativa, que le hizo pasar las mil y una, mandaba, dirigía,
Emilio a su lado parecía un corderito,
era incapaz de llevarle la contraria, lo tenía dominado de tal manera que ni
era capas de piar. Los vecinos que lo conocían de toda la vida, se reían
diciendo,” tan valiente de pequeño, y ahora tan cobarde”.¡ Ironías de la vida!
La sra. María, era una mujer morena, hermosa, sensible, se lleno de
hijos, a mi me distraía mucho, me gustaba escuchar sus historia, yo siempre
estaba pendiente para ver cuando de sus ojos se deslizaba la típica lagrima, en
aquellos tiempos, me impactaba mucho su exagerada sensibilidad….
Un poco más arriba, pero al otro lado de la calle, vivía un matrimonio,
me gustaba mirarlos cuando salían de paseo, siempre iban cogidos de la mano
andando pausadamente, se miraban y hablaban como dos enamorados. Los dos eran
especiales, aquello que se dice” tienen ángel” sus voces eran dulces como la
miel, mientras los contemplaba pensaba, que eran dos almas gemelas que se
habían encontrado. ¡Cosa poco frecuente en esta vida!
Mas arriba, vivía un hombre llamado Jesús, era gordo y asqueroso, se
ganaba la vida haciendo de andrajero,
tenia dos mujeres como si fuera un maharajá, en verano se invento un gran
abanico colgado en el techo con una fina cuerda, mientras comía una de las
mujeres tiraba de la cuerda y el abanico iba de un lado a otro haciéndole aire,
con una de las mujeres tuvo dos hijas, con la otra un hijo que también le
pusieron Jesús.
En aquellos tiempos se acostumbraba de sacar motes, una de las casas la
llamaban con Xona, otra cal Os, otra can Cabaret, en mi casa la Mundeta.
En verano se celebraba la fiesta de la calle, todo el vecindario se
reunía para engalanar la calle con papeles colgantes, se hacia una merienda con
chocolate y torta para toda la chiquillada, también un carrera se sacos, en la
cual se metían dentro y tenían que ir saltando hasta el punto la meta esto
provocaba una gran algarabía por parte de la gente menuda, por la noche baile y
terminaba con unas velas encendidas y el vals de las velas, era muy hermoso ver
a la gente bailar al son de la música.
Al final de la calle, un cortijo muy hermoso, llamada can Bardager,
este aun existe,( lo han dejado como monumento histórico,)delante del cortijo
unos campos de trigo cultivados por ellos, todos los chicos y chicas del barrio
íbamos por un camino estrecho haciendo pendiente como si fuera un tobogán,
nosotros nos sentábamos deslizándonos hasta que aterrizábamos dentro del campo
de trigo inconcientes del mal que hacíamos deteriorando toda la cosecha, solo
nos preocupaba lo bien que lo pasábamos. El dueño, cuando nos veía venia
corriendo, como es natural todos se esfumaban corriendo camino adelante. A mi
siempre me encontraba sentada dentro del campo, pues yo no podía correr como
los demás, hasta que un día me dijo,” si te encuentro otra vez llamare a la
guardia civil y te llevaran a la cárcel” Aquel día me lo pase escondida dentro
de un cuarto que teníamos en el patio de casa, estaba muerta de miedo. Ahora
esta calle desaparece, será una gran avenida, ya no será todo igual.
Todos estos personajes y otros que no he mencionado éramos como una
gran familia, en verano al caer la tarde cuando el sol se escondía detrás de
las montañas dejando unas tímidas pinceladas de colores diferentes y el aire
fresquito corría ligero, todos salíamos a la calle para gozar del frescor,
entonces cada uno explicaba chistes o cuentos, hasta la hora de ir a dormir.
Ahora, con la caja tonta, el tráfico, la tecnología y ordenadores, todo
este encanto se ha perdido. Más el que
piensa y no se quiere dejarse atrapar, también tiene otros alicientes….
Mercé Cardona

4 comentarios:
Amiga te ves muy linda en tu nueva foto!!!!!!!!!!!
Linda, linda.
Yo, un día volví a la casa de mi infancia y la vi tan chiquitita!!!
Pero me lleno de lindos recuerdos, fui muy feliz viviendo ahí con mis papas y mis dos hermanas, era un HOGAR feliz lleno de amor.
Mi abrazo grande para ti.
mar
En esa casa de la infancia los recuerdos reviven en la mente y el corazón de cada rincón del tiempo saboreando sabores.
Un abrazo.
Hola Mercé, me ha gustado la historia de tus vecinos, aunque el tal Emilio vaya perla de pequeño para después acabar como un corderito.
Un abrazo.
Lindos recuerdos, espléndidamente narrados por ti.
Tu nuevo perfil y tu cuadro me parecen regios.
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