lunes, 27 de abril de 2009

LA ERMITA DE LA CUMBRE


LA ERMITA DE LA CUMBRE

Día esplendido, cielo azul, radiante el sol asoma su nariz por detrás de las montañas y parece sonreír….

El único camino que llega a la ermita es frondoso, tenebroso, para alcanzar y llegar a la cima tengo que sentirme valerosa.

El camino esta borrado por las tempestades, al retumbar montaña abajo tengo que avanzar separando el ventisquero, por el canal de un arroyadero.

Siempre es empinado; hace zinc-zanc, yo avanzo lentamente, a ratos mas ligera, me elevo y bajo por la umbría, resbalando también.

Con un cuchillo de punta fina, corto una rama del almendro aun florido, el ingenio y el buen sentido me animan a seguir subiendo.

Con el compañero que me guía, respiro más intensamente… Teniendo por norte la fe más profunda, y la brisa que me empuja cuesta arriba.

¡Ya he llegado a la cima!... ¡Cuanta belleza, praderas y pueblos a mis pies! Mientras la ermita en el cielo suspendida, siento el aliento de los pirineos.

Al entrar en la capilla, de emoción late mi corazón.¡Cuanta desdicha! la puerta vieja esta caída, durmiendo un sueño de muerte eterna.

¡Han profanado la santa ermita! nada queda del bello altar, la soledad y el duelo invita a arrodillarse y meditar.

Salgo a fuera, todo es silencio, la tarde va esfumándose, y allá a lo lejos la luna brillante asoma su faz, y las estrellas empiezan chispear….

¡Que maravilla! Todo es Natura, y la ermita vieja a lo alto de la cima se alza arrogante mirando al Mas Allá.

Mercé Cardona

9-4-2009

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