
El camino es estrecho
lleno de rosales de colores.
El río con sus aguas cristalinas
baja despacio, no tiene prisa.
Pongo mi mano, para que el agua
me la lame, con su larga lengua pura.
La herida que una hermosa rosa, me
ha hecho, al querer cortarla....
He seguido, hacia la mar blanca, el cielo
inmenso y puro, de un encendido añil.
Mis luceros se abren admirados ,recibiendo
en su calma apacibilidad sin nombre, ese sosiego
armonioso y divino, que vive sin limites hacia el
infinito sin fin....
Mercé Cardona
20-5-10





