CULMINACIÓN
El
sol se extendía sobre las cristalinas aguas, y enviaba su luz segadora como un
fogonazo que quemaba y hacía crepitar el océano.
Llegue
a la pequeña isla, parecía un brochazo de pintura dorada sobre el mar color
fucsia, me recordó un cuadro digno de Vermeer.
Hay
pocas luces comparables del atardecer en Formentera, cuando el viento ha
barrido la colina y los objetos y los seres quedan singularizados en trazos
preciosos, rodeados por un aura palpitante.
La
luz al chocar con las rocas parecidas al coral, rebota en tonos rosas contra el
océano de duro azul, mientras del cielo parece descender una luminosidad de
polvo de oro.
Me
senté sobre la arena plateada. El aire venia oloroso y dulce. Era una extraña
brisa. Mientras la piel del rostro parecía recibir poderosas vahadas de color
humedecido en los labios y en la punta de la nariz, el viento sabor a mar, me
dejaba un beso, una caricia almibarada.
Mercé
Cardona

5 comentarios:
Me pareció estar en el paraíso, bonita imagen y bellos texto.
Un abrazo
Que bonito escribes.
Bello ese paraíso tal como lo pintas.
Un abrazo.
Ambar
Mis respetos. Que hermosa descripción de isla tan singularmente bella. Un abrazo, Merce. Carlos
Has descrito de forma magnífica el mismo Edén.Besicos
Hola, Mercedes, pasaba a saludarte y a desearte bienestar.
Un abrazo.
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