martes, 30 de agosto de 2016


 

 

 

                                     CULMINACIÓN

 

 

El sol se extendía sobre las cristalinas aguas, y enviaba su luz segadora como un fogonazo que quemaba y hacía crepitar el océano.

 

Llegue a la pequeña isla, parecía un brochazo de pintura dorada sobre el mar color fucsia, me recordó un cuadro digno de Vermeer.

 

Hay pocas luces comparables del atardecer en Formentera, cuando el viento ha barrido la colina y los objetos y los seres quedan singularizados en trazos preciosos, rodeados por un aura palpitante.

 

La luz al chocar con las rocas parecidas al coral, rebota en tonos rosas contra el océano de duro azul, mientras del cielo parece descender una luminosidad de polvo de oro.

 

Me senté sobre la arena plateada. El aire venia oloroso y dulce. Era una extraña brisa. Mientras la piel del rostro parecía recibir poderosas vahadas de color humedecido en los labios y en la punta de la nariz, el viento sabor a mar, me dejaba un beso, una caricia almibarada.

 

Mercé Cardona

5 comentarios:

Rafael Humberto Lizarazo Goyeneche dijo...

Me pareció estar en el paraíso, bonita imagen y bellos texto.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Que bonito escribes.
Bello ese paraíso tal como lo pintas.
Un abrazo.
Ambar

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Mis respetos. Que hermosa descripción de isla tan singularmente bella. Un abrazo, Merce. Carlos

CHARO dijo...

Has descrito de forma magnífica el mismo Edén.Besicos

Rafael Humberto Lizarazo Goyeneche dijo...

Hola, Mercedes, pasaba a saludarte y a desearte bienestar.

Un abrazo.