martes, 26 de enero de 2016






VIAJE AL CENTRO DE TU VIDA




Me dices que no tienes ganas de empezar el curso otra vez, que estás hasta las trancas de la ESO y que, justo cuando te estabas acostumbrando al verano, hay que volver al Centro Escolar y empezar un nuevo curso.
Me dices que los pocos libros que tienes que comprar son caros y que ya podrían regalarlos todos. Comentas que hay pocas fiestas y que la física, o las mates, o no se qué asignatura no te mola nada. También dices con un poco de chulería que, digan lo que digan los profes, tú llevarás el móvil a clase porque si a tu madre se le ocurre llamarte tiene todo el derecho del mundo a que su hijo del alma querida esté al otro lado del teléfono. Me cuentas que no sabes qué compañeros tendrás en tu clase, pero que esperas no ver en tu aula el careto de aquel tío al que no puedes ver. Repasas a tus profesores y, aunque no me hablas mal de ellos, me comentas sonriente que hay alguno que no se entera de nada, que le grabáis con el móvil y colgáis sus lecciones en un faceboock, o twiter o como se llame.

Y entre todas esas cosas, que sé que no las acabas de sentir de verdad y que lo que quieres es impresionarme, me preguntas si tengo ganas yo de empezar el curso y de ponerme delante de un grupo de alumnos para volver a dar clase y pelear con los tuyos para enseñar alguna cosa. Y que muchos ni se enteran del esfuerzo que hacemos los profesores….

Pues mira, déjame que te cuente.

En 1864 Julio Verne escribió una novela de aventuras fantásticas, una más, que causó un revuelo fenomenal. Se titulaba “Viaje al centro de la Tierra”. En ella contaba que un científico iluminado reúne a un grupo de aventureros dispuestos a llegar hasta el mismísimo centro de la tierra. El grupo entra por un volcán hacia el interior del globo terráqueo, en donde vivirán innumerables peripecias, incluyendo el asombroso descubrimiento de un mar interior y un mundo mesozoico completo enterrado en las profundidades así como la existencia de iluminación de carácter eléctrico.

Al final, el grupo acaba saliendo por otro volcán distinto del que les había servido para entrar. Vuelven a sus casas y toman conciencia de que, más importante que el viaje al centro de la tierra, ha sido la experiencia de amistad y de búsqueda que han vivido en medio de tantas peripecias.
Pues mira, aventurero de la ESO, creo que un nuevo curso puede ser una aventura al centro de ti mismo. Porque eso de conocerse a uno mismo no es nada fácil, ¿sabes?. La tarea es chunga y lleva años de experiencia y de esfuerzo. Uno va buscando descubrir y descubrirse quién es para estar en paz consigo mismo y para ser feliz.
Porque en el fondo se trata de eso, de aprender a ser feliz. Para eso sirve la Escuela, amigo del alma, para enseñar a ser feliz. Porque ser feliz no es tener de todo y ser tan guay como los que salen en la tele y venden estilos. Ser feliz es mucho más. Es estar a bien con uno mismo, reconociendo los límites y las grandezas y ver cómo tantas y tantas personas han dejado una herencia en la historia a través de la cultura que nos ayuda a ser más humanos y libres. Ser feliz es tener la satisfacción de que tu vida esté haciendo más feliz a otros.
Las ciencias, las mates, la lengua, la informática, la religión, la filosofía, la historia, los idiomas, la educación física, la plástica y todas esas cosas que llevas en tu mochila, lejos de ser enemigos a los que batir, son instrumentos para descubrir el mundo y para descubrirte a ti mismo, son, créeme, instrumento para ayudarte a ser feliz. Viajar al centro de tu vida es más complicado que viajar al centro de la tierra, pero es un viaje fantástico, necesario. Nadie lo puede hacer por ti.

Así que, venga, agradece la posibilidad de ir a la Escuela. Piensa que tus profesores quieren lo mejor para ti, piensa que les importas y van a ser guía en el camino hacia en centro de ti mismo. Piensa que tus compañeros  compañeras van a caminar contigo en la misma y apasionante misión. Madrugan, estudian, investigan, atender, dialogar, leer y esforzarse no es algo de pelotas. Y, aunque te digan que ser malo es chulo, no te lo creas. Ser malo es un coñazo, lo más aburrido del mundo. Acabas solo sin que nadie te quiera y siendo el hazmerreír de toda la peña.  Ser buena persona es mucho más divertido, se disfruta y se ríe mucho más. Se saborea la vida y se celebra el logro conseguido con el esfuerzo. El pringado es el que se para, el que no quiere esforzarse, el que tira la toalla creyendo que ya habrá otros que le solucionarán la vida. Ese no llegará a ningún lado. Andará perdido y zombi sin entender lo que hay alrededor y cualquiera podrá engañarle.
Así que no te hagas el remolón. Coge la mochila, llénala de tus cosas y parte hacia la Escuela a vivir la extraordinaria aventura de un viaje al centro de tu vida. Los paisajes que descubrirás dentro de ti mismo son mucho más apasionantes y fantásticos que los que describían el mismísimo Julio Verne.
Vas a alucinar.



Merce Cardona.

4 comentarios:

Ricardo Tribin dijo...

Querida Merce:

Magnifico colorario basado en esta magistral historia de Verne que siempre me ha cautivado.


Recibe un abrazo grande y me encanta reanudar el contacto contigo

CHARO dijo...

Un magnífico y profundo escrito, me ha encantado.....ójala y lo leyeran muchos jóvenes para hacerles reflexionar sobre su vida.Besicos

boscatge dijo...

Un tema molt actual, no valorar l'educació, fins i tot els que manen no la valoren, per això treuen la filosofia dels plans d'estudis. De fet és molt més important ser amo del teu món intern que dominar les matemàtiques, però sense formació entrar al teu món intern pot resultar impossible.
Recordes que no vull que publiquis el meu poema enlloc, oi?

Unknown dijo...

thx

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