UN DE MIS PINTURAS
La tristeza me invadía, sin saber exactamente porque.
Un día leí una frase en un libro de alguien que daba consejos para amarse a uno mismo. Decía.” Cuando estoy triste, me voy en solitario a pasear” ¿Y que paso le preguntaron? “Nada, que segui estando triste”.
Como no asimile la respuesta, salí a pasear. Llegue a un acantilado que daba a la bahía. Era un lugar especial. El sendero no era fácil, atravesaba bosques de pinos que desprendían un intenso aroma. Las copas de los árboles eran altas y más bien endebles, las ramas inferiores estaban espolvoreadas de nieve. El viento lo desgarraba todo, las paredes del acantilado estaban cortadas a pico hasta el agua. No me cruce con nadie. A pesar del frío, me senté en una gran piedra durante un rato. Contemple como se acercaban las olas, sus gruesas cimas se estrellaban contra las rocas, levantando espumas que parecían luceros volando hacia el firmamento. Ese movimiento eternamente azogado, tuvo en mí un efecto tranquilizador…. La luna empezaba a brillar en el cielo y regrese.
Mercé Cardona

2 comentarios:
Eres una mujer disciplinada que aplicas lo que aprendes y tu experiencia de hoy es un hecho.
Un abrazo grande, mi querida Merce.
Merce:
- Cuantas veces nos invade la tristeza y no sabemos porque.
Ya que la vida casi es todos los días las misma, y vamos a decir: ¡Que no cambie!
Entiendo ese sentir, esa especie de paralización de ganas de abandonarte...
Merce, solas o acompañadas nos saltaremos la tristeza y viviremos.
Te quiero.
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