viernes, 6 de mayo de 2011

TORMENTA

                                                         T O R M E N T A

Cuando el hilo de plata de la infancia se haya quebrado, seguro que mis actos serán otros.



A diferencia de otras veces, se estuvo anunciando durante horas, un rumor creciente que daba la sensación que venía rodando por el cielo. Un trueno lejano, largo como un bramido. Salí a la calle. El cielo este gran indeciso, alternaba con retazos de cielo despejados, con otros en las que se arremolinaban fugaces turbulencias .Por el norte, asomaba una oscuridad que avanzaba a pasos agigantados realmente convencidos y amenazantes.



A pesar de esto, seguí hacia el río por entre largas hileras de chopos. Las ramas se agitaban con la furia del viento y las hojas parecían pájaros volando sin rumbo fijo, de ellas despedían una luz escasa como espejos en penumbra. Al final de una gran llanura. El olor a humedad y vegetación era inmenso, embriagador. Las raíces de los árboles brotaban saliendo de la tierra y volvían a sumergirse como serpientes fosilizadas. Mire hacia lo alto. Al fondo, aún se vislumbraba el cielo azul. Me asusté, presintiendo que la tormenta estaba encima de mí. No fue así; Unas leves gotas iban cayendo como indecisas, me envolvió una seguridad repentina, pero las nubes perezosas no se decidían a llorar sobre la tierra. La negrura no desaparecía, más bien daba la sensación de que estaba preñada de carros llenos de piedras, descargas eléctricas y sombras que se deslizaba aullando de pena. Cual quier cosa menos lluvia. De pronto el retumbar de un trueno. La tierra se estremeció. El cielo estaba cargado de destellos. Era como observar un océano suspendido en el aire.



No se como, vislumbre una juventud vacilante como la tormenta, que iba deambulando por el planeta sin ningún horizonte fijo, no sabían el porque de su existencia, sin trabajo, sin ilusión de poder tirar adelante,

¿Cómo podían sentirse independientes, y seguros? El panorama es deprimente….



Me acorde de los perros, ellos solo huelen la tierra, no tienen horizontes, solo la tierra. Nosotros llevamos la cabeza muy arriba. Allí todo es configurado. El no. El huele nuestros pasos, be por donde caminamos, donde están las cosas. No necesita nada más. Y nosotros necesitamos de lo innecesario.



Mercé Cardona 5-4-2011


3 comentarios:

Rafael Humberto Lizarazo Goyeneche dijo...

Hola, Mercedes:

Un relato muy real, he sentido escalofrío al imaginar aquella tormenta que se aproxima.

Menos mal que el horizonte aún es claro.

Abrazos.

Ricardo Tribin dijo...

Muy interesante relato, querida Merce y muy descriptivo. Ojala nunca nos pase tan asi.

Un abrazote..

dolors cerdanya guinart dijo...

Potser cal que peti la tempesta per trobar el camí perdut.