
R E V I V I R
Era alta, soñadora idealista, tenía la certeza de que el mundo algún día seria mejor.
El sol naciente, asomo su faz por entre los altos árboles, sus rayos resplandecientes hacían brillar las hojas de color plateado. Se sentó a la cima de una roca, el río a sus pies bajaba alegre con sus cristalinas aguas, le embelesaba escuchar su murmullo, abrió el libro, y se puso a leer en solitario, sin ningún ruido, como el blanco silencio de la nieve.
Disfrutaba como un río que cruzara sus orillas, despertando viejos sueños, como barcas varadas. El espacio silencioso y sugerente, propicio a la evocación, sintió como si atravesara el espejo sumergiéndose en un mundo que pertenecía a otro tiempo muy lejano…
El párrafo que leía, decía así:
“Recuerda a su padre que tenía olvidada a su madre, no la comprendía. Eso le hizo pensar en su matrimonio, que solo tenía ojos para las alegrías, que me daba, y no sospechaba en sus penas, sus debilidades. En realidad no la vivía por dentro, si lo hubiera hecho, no la hubiera idealizado tanto y la habría aislado menos. Ahora que lo pienso, ¿Cómo podía vivirla sí no dejaba de soñarla?”
Esto la hizo pensar en su juventud, había vivido con un ser que jamás entendió, siempre estaba triste, no tenía ganas de vivir, encontraba la vida aburrida, aplastante, asquerosa, llena de injusticias, estaba siempre medio adormilado. Ella con su buena fe, le llenaba de vitaminas, pero el no reaccionaba… Hasta que un día vio una luz resplandeciente, y se dijo, “esto que le pasa a mi querido compañero no es normal” Fue en busca de un asesor, el cual cuando lo vio dijo, Este hombre esta drogado, lleva tiempo haciéndolo, toma cosas duras.
A ella el mundo se le vino abajo, era como si estuviera soñando. ¿Cómo no se dio cuenta? Lo internaron, se puso bien, más al cabo de un tiempo volvió a las andadas, otra vez a luchar, y otra y otra, el le decía, estoy enamorado de esta droga que me hace feliz unas horas…
Al año, lo encontraron muerto de una sobre dosis. Ella nunca entendió el porque lo había hecho, aparentemente eran felices, no les faltaba de nada, más el no encontró su lugar en este mundo, arto de vivir voló Al Mas Allá….
Dejó sus tristes pensamientos, miro hacia arriba, al infinito, unas nubes danzaban alegres empujadas por la brisa, los pájaros se mecían entre las ramas con gran algarabía. Sin darse cuento la tarde empezaba a fundirse, el sol la miraba sonriente, embelesado de verla tan confiada, tan distinta de cómo había sido en su juventud, ahora que habían pasado muchas primaveras, tenia el semblante alegre, sonriente, y lleno de paz…
Dejó que el tiempo pasara, el manto de la noche invadió todo el paisaje, ni rastro de nubes. La luna quedo reducida a un medio melón. La opalescencia levantina disipa las últimas estrellas reluciente de la noche.
Piensa en su madre…un alma caritativa que se desvanece por entre los recuerdos, un amor perdido para siempre en el rumor del tiempo y recuerda que siempre le decía. “La vida de un ser, vale más que un sacrificio por elevado que este sea. La causa más noble en ese mundo es el derecho a la vida, nadie tiene derecho a quitarla ni quitársela…
Ella tuvo que pasar por los momentos más dramáticos de su vida, sin casi entender el porque…
Y pensó: Pueden quitarte la vida, tus bienes, tus mejores años, todos tus meritos y alegrías, hasta lo último que te queda, pero siempre quedaran los ideales, los sueños, para seguir y reinventar el mundo, ¡nuestra planeta tan maravilloso!
Mercé Cardona
10-12-2008
2 comentarios:
Y siempre nos quedaran los recuerdos y los momentos de felicidad a su lado. Precioso texto amiga, un beso, cuidate mucho. Feliz Navidad.
Ay, Mercedes, no sabes como me gusta leerte. Cada día aprendo algo nuevo de ti, eres luminosa e irradias paz...¿Lo sabias?
Te abrazo largamente, amiga, y aunque no lo creas, a pesar de la lejanía física, te llevo cerquita del corazón.
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