
MILAGROS DEL MAR
Es una hermosa mañana de primavera,
abro la ventana, una nube deshilachada
intenta envolver el sol. Más arriba, miles de pájaros
vuelan ligueros esparciendo sus alas al viento.
De pronto llega hasta a mí una subvertida brisa
marinera cargada de herodes dulzona.
Bajo a la carretera por un sendero que lleva a la
playa, me siento sobre una roca y me concentro
en una brecha infinitesional que esta desgarrando
las tinieblas, la brisa sopla débilmente y me despeina,
miro el rayo opalescente que va alzando lentamente
los faldones del horizonte.
Dejo que el rumor de las olas absorbe lo que suena
en mi interior, es una manera de vaciarse uno mismo,
escuchar como una ola se arremolina en el hueco de
la roca.
Hay que saber mirar el mar, pues el es un espejo que
no sabe mentir, así se aprende a dejar de mirar atrás.
Quien mira el mar, da la espalda a las desgracias del
mundo…
El día declina, y recuerdo como me encantan las veladas
nocturnas, sobre un collado bañado por la resplandeciente
luz radiante de la luna, y las estrellas parpadeando como
mil ojos.
Mercé Cardona
26-11-2008
Recuerdo un dicho que dice así
No se plantan semillas de comidas, se plantan semillas de bondades.Traten de hacer un círculo de bondades, estas las rodean y los harán crecer más y más.
ANONIMO
1 comentario:
Que crezcan las bondades que otorgan las almas afines, más allá de la distancia y del tiempo. Son las letras las que nos hacen mirar con los ojos del narrador. Yo miro el mar con tus ojos y siento el viento con el poder de tu pluma. Es magia que sé aprovechar.
Un abrazo, amiga, gracias por permitirme leerte.
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