viernes, 28 de noviembre de 2008


MILAGROS DEL MAR

Es una hermosa mañana de primavera,

abro la ventana, una nube deshilachada

intenta envolver el sol. Más arriba, miles de pájaros

vuelan ligueros esparciendo sus alas al viento.

De pronto llega hasta a mí una subvertida brisa

marinera cargada de herodes dulzona.

Bajo a la carretera por un sendero que lleva a la

playa, me siento sobre una roca y me concentro

en una brecha infinitesional que esta desgarrando

las tinieblas, la brisa sopla débilmente y me despeina,

miro el rayo opalescente que va alzando lentamente

los faldones del horizonte.

Dejo que el rumor de las olas absorbe lo que suena

en mi interior, es una manera de vaciarse uno mismo,

escuchar como una ola se arremolina en el hueco de

la roca.

Hay que saber mirar el mar, pues el es un espejo que

no sabe mentir, así se aprende a dejar de mirar atrás.

Quien mira el mar, da la espalda a las desgracias del

mundo…

El día declina, y recuerdo como me encantan las veladas

nocturnas, sobre un collado bañado por la resplandeciente

luz radiante de la luna, y las estrellas parpadeando como

mil ojos.

Mercé Cardona

26-11-2008

Recuerdo un dicho que dice así

No se plantan semillas de comidas, se plantan semillas de bondades.Traten de hacer un círculo de bondades, estas las rodean y los harán crecer más y más.

ANONIMO

1 comentario:

Marysol Salval dijo...

Que crezcan las bondades que otorgan las almas afines, más allá de la distancia y del tiempo. Son las letras las que nos hacen mirar con los ojos del narrador. Yo miro el mar con tus ojos y siento el viento con el poder de tu pluma. Es magia que sé aprovechar.
Un abrazo, amiga, gracias por permitirme leerte.