martes, 18 de septiembre de 2012
SAN CARLOS DE LA RÀPITA
El mar,¡ es tan hermoso, fascinante! Encontrarme junto a el, es parecido al cielo.
Ande con paso lento cerca de las olas, que como siempre su ir y venir me acariciaban dulcemente mis pies. Dentro de mi nació un grito de alegría, fue como una oración volando hacia el infinito, hasta encontrar a ese que llamamos Dios….
No se, me encontré sentada en un banco delante de la torreta de vigilancia, un muchacho desde lo alto observaba el mar, ese mar azul que tanto me cautiva. Si, allí estaba el con sus gafas de sol recorriendo el horizonte, observando con suma atención a los bañista, que gozaban nadando y saltando las suaves olas.
Me levante, le mire y sentí como si la brisa que soplaba suavemente nos uniera en un abrazo fraternal, una fuerza interior me obligaba a no apartar los ojos de el, su figura me resultaba familiar.
No se si fue la intensidad de mi insistente observación que volvió la cabeza, me miro a través de sus gafas negras, largo rato aguante su mirada, de pronto se levanto dejando su sitio de vigilancia. Bajo lentamente la empinada escalera, se acerco pausadamente hacia mi. No se el porque note en mi ser una corriente que recorría todo mi cuerpo. Me miro y sacándose las gafas sus hermosos ojos se encontraron con los míos,¡Dios que mirada! Que color, que dulzura y que paz provocaron dentro de mi, mi corazón se acelero como un caballo desbocado. No podía ser, delante de mi estaba mi actor preferido, el actor que en sus películas siempre representa a un ser sumamente extraordinario, bonachón, en fin un ser con mucho “ángel “su sonrisa y sus luceros son tan dulces como un panel de miel….
He saboreado todas sus películas, las cuales me llenan de paz…. Sus luceros sonreían, me cogio de la mano diciendo, quieres danzar junto a las olas. No tengas miedo, ellas son inofensivas en tu país, en ellas hay un reino secreto que solo lo pueden descifrar seres especiales como tu y yo. Suavemente me empujo hacia el mar, cogidos de la mano fuimos adentrándonos en el agua cristalina, las olas suavemente acariciaban nuestros cuerpos.
Mientras danzábamos dentro del mar, me contó que en su país las olas eran como gigantes, tenias que tener mucho valor para adéntrate entre ellas, solo lo hacían los temerarios, pero el espectáculo era digno de ver, me hablaba de “Argentina,” su país. Era la primera vez que aterrizaba en San Carlos de la Rápita, y estaba encantado de poder disfrutar y trabajar en ese idílico pueblo de Cataluña. El nunca gozaba del invierno, pues al terminar el verano, volvía a Argentina, y como es de suponer otra vez verano. ¡Que delicia dije ami me encanta el verano, muy sencillo, vente conmigo….
Lo mire, y algo me atravesó por dentro.
¡Fue un sueño! ¡Fue realidad!
NO LO SE
Mercé Cardona
5-8-2012
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1 comentario:
Molt fantàstic.
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