
TUVE UN SUEÑO
Era el atardecer, con un calor sofocante, el aire era espeso, daba la sensación que del cielo caía fuego. Detrás de las montañas, el sol de un rojo vivo, iba escondiendo su faz muy lentamente, dejando pinceladas que iban coloreando unas nubes que danzaban pacientemente bajo el mágico firmamento, sus últimos parpadeos como brazos gigantes, subían con un grito desesperado y alegre al mismo tiempo, mientras iban diciendo, mañana volveremos, y otra maravilla los ojos humanos podrán admirar. Poco a poco la oscuridad de la noche como un lobo escondido fue esparciendo su hermoso manto por todo el valle.
Llego la hora del reposo, me adentre en mi cama de sabanas blanquísimas, suaves y perfumadas de aroma del campo, mis parpados, parecidos a una muñeca de porcelana se cerraron muy dulcemente.
No se el porque, los sueños tienen para mi algo de misteriosa fascinación. De pronto todo me parece grandioso. Hacia el Oriente se dibujan líneas rojas y amarillas, prometiendo un día caluroso. Delante de mi tengo mi coche, es un seiscientos de color verde manzana, subo, lo pongo en marcha, sigo un camino lleno de polvo y hierbas secas, de golpe se queda como paralizado delante de un acantilado, con el mar al fondo, un aire blanco y espeso, un cielo con una fina neblina, el disco del sol tenía un color opaco y la atmósfera era asfixiante, a cada lado habían unos caminos estrechos, me descalzo y salgo del coche, escojo el camino de la derecha, lleno de curvas y desniveles, al fondo un coquetón mirador, desde allí se contemplaban unas pequeñas calas, el sol se reflejaba en sus cristalinas aguas, exquisitas y brillantes criaturas en forma de estrellas bajo las constelaciones inmutables del universo. A mi derecha había una casa en ruinas, una mujer con un vestido blanco, con el rostro mirando el sol que le acariciaba su pálida cara, dirigiéndose a mi, dijo, si tienes ganas de comer, más arriba encontrarás un restaurante que lo hacen muy bien. Siguiendo el camino llegue hasta el, una gran puerta con tres escalones de subida y otros tres más de bajada. Entre, me encontré en una gran sala donde había muchos departamentos todos ellos sin puertas. Yo tenia mucha hambre, más no percibía ningún olor a comida, cosa extraña en un restaurante, entro por una puerta situada a mi derecha, tres peldaños de subida y tres de bajada, al mirar al suelo observo que todo estaba repleto de grandes avispas peludas, haciéndome la valiente, puse los pies al suelo, a cada paso que daba se iban convirtiendo en un polvo amarillo, tenia la sensación que iba andando por encima de una nube blanda, entre en varias habitaciones, todas estaban como la primera, al pisarlas también se fundían.
Cansada, salí de la casa, sin poder comer nada. Me encontré en una carretera, era la que iba a Badalona llena de transito, y mucha gente que iban arriba y abajo como hormigas nerviosas. Estaba desorientada, ande hacia la izquierda, me encontré con el camino lleno de polvo y hierbas secas, al fondo mi coche de color verde manzana me esperaba pacientemente, como un enamorado espera a su amada. Estaba al borde del acantilado como si admirase el bello panorama, entro dentro llena de agradecimiento por esperarme, me sentí protegida dentro de su verdosa carcasa, como una tortuga dentro de su armazón. Conecte la llave, se puso en marcha, Salí disparada. Delante de mí se dibujaban las montañas, altas como gigantes, la luna blanca y las brillantes manchas del sol poniente jugueteaban con una pequeña columna de humo subiéndose hacia el cielo, y yo también…
Un fuerte timbrazo me sobresalto, era mi amigo el despertador…
Mercé Cardona
25-6-99
1 comentario:
Hola amiga, paso a dejarte un beso, un saludo, y un abrazo con mi cariño. Es hermoso soñar, es un mundo magico donde me gusta estar, paso la vida soñando, despierta y dormida. Bello texto, cuidate mucho, un beso.
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