viernes, 8 de julio de 2016


 

 

 

 

RELATO ROMÁNTICO

 

 

Hace un día luminoso, más no se el porque, me encontraba atrapada, necesitaba respirar aire puro, ver el mar, este mar inmenso, sereno, apacible y transparente, que me llena de paz.

 

He llegado hasta la cima de mi acogedora roca, he admirado la grandeza del enigmático mar, el misterio que esconde bajo sus profundas aguas, que en estos instantes están tranquilas y trasparentes, las, olas, van y vienen sin nunca descansar, a veces revoltosas, otras dulcemente.

 

El sol de invierno, es suave, agradable, su calorcito acariciante, hace que los recuerdo dormidos se despierten y cabalgan precipitadamente dentro de mi. Renacen las horas tan dulces y tiernas que pasamos cuando nos queríamos, con aquel amor inocente de adolescente primerizo y placido, repleto de ilusiones, sueños y alegrías. ¡Fuimos tan felices! Solo de pensarlo, todo mi ser se llena de una inmensa desazón y al mismo tiempo de una dulce melancolía envuelta de una gran esperanza.

 

Mientras contemplo el mar, percibo tus ojos de dulce mirar, sereno y azul como las transparentes y tranquilas aguas, que hoy, después del paso de los años estoy admirando. Fueron tiempos de gozo que jamás podré borrar de mi mente. Hoy que he salido para sentirme libre, los recuerdos reviven aquellos días de esperanza, alegría, paz y amor, repletos de promesas de pasar juntos toda la vida, con las manos enlazadas hasta Volar al Más Allá.

 

El primer beso, impregnado de tierna inocencia, un beso tembloroso, suave que hizo estremecer todo mí ser, fue mientras contemplamos el mar, este mar que a los dos  tanto nos fascinaba. Quien sabe, si tu, allá donde te encuentres, con tu espíritu viajero, también recuerdes estas pequeñeces. ¡Cuantas veces sueño que estas a mi lado!¡Quien sabe! La vida es tan imprevisible y el destino tan juguetón….

 

Mientra el día va declinando, el mar y el cielo se unen, fundiéndose con la inmensidad. Dentro de mí, una voz dulcemente me dice. Sería maravilloso, que después del paso del tiempo, cuando la vida se extingue, nos volviéramos a encontrar, para llegar al final de esta vida terrenal, con las manos enlazadas y

 

un tremolo beso, acariciando mis labios, mientras miramos nuestro MAR.¡ porque No!

 

He sido el viento sin  camino.

He sido el bosque desnudo,

La hierva avara. Pero he

Tenido tu infinita mirada,

Fundida dentro de mí.

 

 

 

 

Mercé Cardona

4 comentarios:

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Amiga, Mercedes. Cuánto puede el mar, para despertar el lirismo de tu prosa y verso. El mar te enamora. UN abrazo grande. Carlos

trimbolera dijo...

Muy hermoso, tanto el relato como la poesía que se complementan. Besetes.

CHARO dijo...

Bonito relato lleno de nostalgia.Besicos

Ricardo Tribin dijo...

Mi muy querida Mercedes:

Con ese mar, esa vista, y tu preciosa composición, se siente feliz cualquiera.

Un abrazo grandísimo.