lunes, 25 de noviembre de 2013
Bajo por el camino que lleva al río. El reluce brillante con su habitual calma, el agua chapotea levemente contra un gran árbol caído. El sol se mece en las ondulaciones provocadas por unas ranas que saltan gozosas de una piedra a otra.
El gran astro Sol, ilumina todo el valle, la suave luz atraviesa dulcemente las ramas de lo árboles, las largas sombras parecidas a los fantasmas, hacen que el césped que se esparce por el suelo, parezca un tapiz tejido en casa con tiras de trapos de color amarillo, verde y verde oscuro. Una bandada de pájaros revolotea, arman jaleo en uno de los abedules, encinas, pinos, robles y hayas.
Me reclino debajo de una encina, su sombra me hace compañía, hablo sola…. Cae la noche. El viento que todo el día soplo fuerte, iba amainando y se tumbaba a descansar sobre la hierba verde, mientras los detalles poco a poco se iban borrando del idílico paisaje. La grava, los árboles y las flores se desvanecían con el azul oscuro del cielo nocturno, Los sonidos se fueron acercando, volviéndose más nítidos.
Como cada mayo se esparce por el ambiente la intensa fragancia de los naranjos, de esa flor donde toda la primavera se concentra, Dios, todo esto para mí tiene otro lenguaje. Hay un punto de desolación en el fondo de esta calma acogedora, bajo este cielo donde brilla una pequeña Luna nueva. ¡Oh clara figura con aureola de oro…. Como es vacía de ti esta compañía perfumada! ¡Y como yo misma me siento vacía y sola!
Merce Cardona
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2 comentarios:
Un relato que nos adelanta la primavera y así nos hace olvidar que ya estamos casi en invierno........
Besicos
NO, nos tienes a nosotros y tu preciosa poesía.
Un abrazo enorme lleno de cariño.
mar
pd
Espero te hayas recuperado.
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