viernes, 9 de agosto de 2013
El cielo llora, nunca había vivido una primavera tan descentrada, parece que se ha contagiado del mal ambiente en que nos toca vivir.
Cierro la TV. No aguanto más las grandes mentiras que nos cuentan…..
Cierro los ojos. Me adentro unos metros en el bosque. Las ramas de los árboles permanecen quietas, observan las estrellas que relucen en el firmamento que empiezan a encenderse. Sus largos mantos de terciopelo verde azulado se mueven suavemente sobre el musgo. Me tumbo en el suelo. Los abetos se inclinan juntando las cabezas y emiten un sosegado susurro.
Nace un nuevo día. Los delgadísimos pinos tienen el color del cobre martilleado. El viento en lo alto de las copas suena como el agua del un arroyo, el sonido de mis pasos sobre las hojas secas, parece que estés caminando por una suave alfombra de terciopelo y pinaza, a lo largo del sendero desgastado por el paso de los animales, todo silencio, tan solo el sonido de las secas ramas que se van partiendo bajo mis pies. Camino y camino. Los pensamientos martillean en mi cabeza, parecen un ovillo de hilo liado. Las ramas me arañan la cara, me rozan el pelo mientras los hilos van saliendo del ovillo uno tras otro. Se quedan pegados en los árboles o se van volando con el viento hasta que, al final, la cabeza queda vacía.
Una fuerza interior me empuja y me siento como si viajara por el bosque, por encima de una pradera llena de olores. Subo por la ladera de un monte, una ráfaga de viento acaricia todo mi ser. Los abedules enanos gotean incandescentes por el suelo.
Me tumbo agotada, miro el infinito…. No veo nada.
Merce Cardona
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2 comentarios:
Un bonito deambular.Besicos
Aquest blog s'ha encallat, o està de vacances?
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